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Desarrollo, ¿a qué precio?
Sin protección de los recursos naturales y el ambiente no hay desarrollo Jorge Villalobos Salazar | jorgev@medvet.una.ac.cr Catedrático Una Hoy se habla en el país de desarrollo más que en cualquier otra época. Los diferentes actores sociales y políticos tienen en su agenda este aspecto tan importante para el bienestar de la ciudadanía. Pero es pertinente establecer qué entendemos por desarrollo y cuáles son los medios para alcanzarlo. El desarrollo debería implicar, entre otras cosas, educación pública de primera categoría en escuelas, colegios y universidades. También atención de la salud excelente y accesible para todos, y un sistema de seguridad ciudadana con los medios más idóneos para la prevención y el combate de la delincuencia en todos sus aspectos. Sin embargo, no puede existir desarrollo sustentable sin la protección de los recursos naturales y el ambiente. Realidad parcial. Mucho se ha dicho acerca del aumento del turismo como uno de los aspectos más importantes para el desarrollo del país, lo que en buena parte es realidad. No obstante, debemos realmente preguntarnos cuál es el precio que pagamos por la masificación del turismo, sobre todo del extranjero. El panorama de nuestras costas es poco menos que desolador; losreal estate se han convertido allí en el negocio más lucrativo y los precios de las propiedades han subido notablemente. Esto ha conducido a los nativos a la venta de sus tierras, en especial a extranjeros que están sembrando de condominios la geografía costeña, con el agravante que muchas de las construcciones se realizan en cerros, donde se arrancan los árboles, con la consecuente erosión del suelo y el arrastre de materiales al mar, lo que con- lleva consecuencias funestas para las playas y los sistemas ecológicos marinos, incluyendo los corales. Atención urgente. No debemos olvidar que la presencia de la fauna de nuestras costas precedió en millones de años la presencia del hombre y que su preservación es precisamente un imperativo de orden ético y moral. Es muy desalentador ver a las pobres iguanas, ardillas y otros animales aniquilados, por ejemplo en los cantones de Garabito, Carrillo y Santa Cruz, cuando invaden los patios o jardines de las casas en busca de alimento, ya que la vegetación de la que se alimentaban fue destruida por “el progreso”. Y ni que hablar de especies que ya prácticamente allí desaparecieron como martillas, nutrias, y ciertas especies de cangrejos y moluscos. La solución a la problemática, incluyendo la futura proliferación de marinas, debería ventilarse urgentemente en un foro con representantes del Gobierno y sus instituciones, las municipalidades, universidades y organizaciones ambientalistas, entre otros. Actuemos, antes de que sea demasiado tarde, para rescatar al menos lo que queda.
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